la cerveza empezaba a agonizar, la miraba fijamente, pensativo, como si por su cabeza estuviera montándose el plan definitivo para conseguir la paz en el mundo y, mientras, arrancaba la etiqueta con la sutileza de quien no es la primera vez que lo hace...
en su mirada se veía su vida, era sincero, sus ojos te lo contaban siempre todo, para bien y para mal, no sabia ocultar sus sentimientos, así que, a medida que su cerveza agonizaba, uno se iba dando cuenta de que su alma no corría mejor suerte, la botella, a punto de vaciarse y su vida... alguna vez habría estado llena?
Una vez acabada, pagó su consumición, dejo una pequeña propina a la camarera y se marchó, saludando a esta ultima de manera cariñosa, pero no conseguía dejar atrás esa sensación de tristeza, de desolación y soledad que parecían acompañarle...
tal vez, la próxima ocasión, la cerveza rebosará burbujas de felicidad y vaya acompañada por una buena canción, y al término de la jugosa mezcla, el beso que lleva tiempo esperando le diga sin hablarle, vamos a casa, cariño.