martes, 24 de julio de 2012

Calor

En la noche veraniega
de sudor y desenfreno,
rasgaré las vestiduras,
de este mundo de los sueños.

Con Alicia y su conejo,
con una pastilla roja
probaremos este Matrix,
nuestro mundo paralelo.

En una pared perdida,
de esa casa abandonada,
trataré con poco tacto
de causarte gran impacto.

La locura, la pasión
dejan paso a la lujuria,
grita, ven alevosía,
desatemos una orgía.

Bacanal imaginaria
del deseo más carnal,
cerraremos nuestros ojos
a la buena voluntad.

Noches con Nacho


Calma veraniega

sábado, 14 de julio de 2012

Nolan, abrúmame



"Vale, está bien. O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en un villano."

Anhelos

En un mundo mejor la paz no sería una utopía, los políticos serían honestos y África una potencia exportadora de riquezas naturales.
En un mundo mejor no existirían dictaduras y la democracia sería de verdad, primaría la sanidad y la educación y el respeto entre personas algo más que común.
En un mundo mejor la cultura prevalecería y la libertad no sería un derecho, sino una obligación inherente al ser humano.
En mi mundo mejor, tus besos serían mis buenos días.

En un mundo mejor

Qué soy mami? Preguntó Johan a su madre, que lo abrazaba con ternura mientras limpiaba la sangre de su boca y de sus manos, tiernas y  blancas que ahora brillaban en un rojo intenso, símbolo de un acto brutal y violento.
Acaso soy un monstruo? Qué me pasa? Seguía cuestionando el muchacho, que apenas recordaba nada de lo sucedido, era la primera vez que algo semejante le ocurría, pero su madre, tenía esa mezcla de ternura y comprensión en la mirada, ella sabía qué había sucedido. Sin embargo, sus labios permanecieron sellados, el silencio se adueñó de la escena y Johan se limitó a recibir con agrado el cariño de su madre.

A tres mil kilómetros de allí, Igor lloraba desconsolado, acurrucado en una esquina de su habitación con un miedo iracundo a salir de ella, al otro lado de la pared, su madre yacía en el suelo, la puerta estaba abierta y la sangre corría por el pasillo. Su padre, que hacía unos instantes golpeaba hasta la muerte a su madre, salía por la puerta con inusitada calma, cigarro en boca y contando los billetes de su vieja cartera de piel.
Cuando la policía llegó, junto con la familia de Ígor, ya no había consuelo posible para un crío de 6 años que acababa de presenciar la atrocidad más grande que el ser humano pueda observar. Sin embargo, permaneció inmóvil, con los ojos como platos, agarrado a su osito de peluche favorito ycon su pequeña mano derecha entrelazada con la de su prima Claudia, en un mutismo absoluto, era la estampa de la comprensión entre niños, del respeto y del amor ciego y verdadero.

Tan sólo dos días después, Ivanna era rescatada por el ejercito serbio en la frontera con Montengro, una pequeña niña rubia de 8 años, de tiernas pecas y ojos azules cristalinos, lloraba desconsolada mientras caminaba descalza por el crudo asfalto ardiendo al sol del mediodía. Ivanna vestía un pequeño vestido de color rosa con topos blancos, desgastado por el viaje y ensuciado por el polvo del camino, lucía desnutrida y deshidratada, pero seguía su curso, luchando contra todo lo que aparecía a su encuentro, con un único fin, encontrar a su madre, a la cual había perdido en un pequeño campamento de refugiados. La pequeña fue llevada a una casa de acogida de manera inmediata, se le dio de comer, se le pasó revisión médica y se le proporcionó un nuevo vestido, sin embargo, la muchacha sólo tenía una cosa en mente, su madre.